| La Unidad de Estancias Diurnas |
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Rosa Mª García García - Responsable del área de Familias, Directora del CAO
El Centro de Animación y Ocio (CAO) nace a finales del año 1999, fruto de la demanda de tres familias. Sus hijas cursaban programas de Formación e Inserción Laboral sin perspectivas de lograr sus objetivos. De esta forma surge la necesidad de ofertar un proyecto innovador en la atención de día a personas con necesidades de apoyo extenso que, una vez terminada la etapa escolar obligatoria, presentan dificultades de integración en otros programas ocupacionales o no llegan a alcanzar sus objetivos, a la vez que se consigue favorecer la compatibilidad de la vida laboral de sus familiares, a fin de evitar o, en algunos casos, retrasar su ingreso en otro tipo de centros de mayor distanciamiento de la vida familiar. La atención se enmarca, como novedad, fundamentalmente en el entorno comunitario, con la inclusión de los usuarios en aquellos programas de mantenimiento físico, social o creativo del barrio en el que se ubica. Las actividades incluyen la búsqueda del desarrollo de habilidades de adaptación social, de actividad física y de relación interpersonal, que favorezcan una verdadera inclusión social. En mayo de 2003, este centro pasa a ser concertado con la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social de la Junta de Andalucía y a denominarse Unidad de Estancias Diurnas “CAO”, con la oferta de ocho plazas, aumentando el horario de atención e incluyendo comedor y transporte. El CAO presta atención integral a los usuarios, durante parte del día, mediante servicios de manutención, ayuda en las actividades de la vida diaria, terapia ocupacional, inserción comunitaria y otros que mejoran su nivel de autonomía personal y social. Se pretende fomentar en las personas una vida activa, participativa y creativa que genere actitudes positivas de forma individual e integradora en realidades grupales. Se trata de eliminar, en suma, todo tipo de actuaciones que conlleven conductas negativas y asociales, desterrando hábitos de aislamiento y pasividad, y la participación en actividades grupales vacías de contenido y perjudiciales para la salud individual y social o la postura de estar como meros observadores del frenético ritmo de vida de su alrededor. La organización interna del CAO y su estructura de funcionamiento están orientados a potenciar las capacidades personales de los usuarios, todo ello en un ambiente integrador, estimulante y cooperativo que garantice el desarrollo personal y una calidad de vida digna. Los ocho jóvenes del CAO, disfrutan de la ciudad como cualquier otro grupo, desempeñando un rol activo en la comunidad y en sus vidas. Su agenda diaria la componen actividades tales como: la asistencia a talleres de gimnasia de mantenimiento y pintura en el Centro de Servicios Sociales; gimnasio en el Centro de Actividades Náuticas y natación en piscinas públicas, actividades que se comparten siempre con la gente del barrio. Además, el programa se completa con desayunos en cafeterías, visitas a Centros comerciales y mercadillos, recados personales (peluquería, compras,…), participación en eventos y jornadas culturales o festivos (Ferias, Exposiciones, Jornadas de Puertas Abiertas, Encuentros y convivencias con otras asociaciones o colectivos,…). Tres veces al año, coincidiendo con Navidad, Semana Santa y Verano, se diseña una salida o actividad especial, para pasar el día fuera y almorzar en restaurantes o preparar nuestro menú en casas particulares: visitas a pueblos cercanos (Roquetas de Mar, El Ejido, Aguadulce, San José, Santa Fe, Níjar,…), día en la playa,… Tampoco hay que olvidar nuestras instalaciones y, como si de nuestro hogar se tratara, elaboramos nuestros propios desayunos e invitamos a amigos y vecinos del barrio a desayunar, celebramos cumpleaños,… decoramos, limpiamos, realizamos compras para reponer nuestra despensa y el material,… El CAO está atendido por una directora, una educadora y una cuidadora, y tiene servicio de comedor y transporte propio. Funciona de lunes a viernes, durante once meses al año y un mes de vacaciones. Las plazas se solicitan en la oficina de A TODA VELA a través de la directora. Las personas del grupo que asiste al CAO manifiestan un desarrollo personal muy favorecedor, que aumenta en gran medida su bienestar emocional en las distintas facetas de su personalidad. Son los propios padres los que nos lo dicen y ellas lo pone de manifiesto en sus constantes manifestaciones. Celia Gutiérrez Salinas, asiste al CAO desde el 17 de marzo de 2005. Cuando llegué al CAO hice amigos, aunque ya los conocía de antes. Me gusta mucho A TODA VELA ya que en ella encuentro amigos para hacer lo que me gusta: ir de tiendas, cafeterías, marcha…Todo esto le gusta a todos los jóvenes y yo soy una joven. Hacemos salidas de fin de semana y elijo donde quiero ir. En el CAO estoy muy a gusto porque se portan muy bien conmigo ya que son muy simpáticos y cariñosos y me gustan las actividades que hacemos. En resumen, me siento muy bien, tengo amigos que me quieren mucho, al igual que yo a ellos. Francisca Picón García, asiste al CAO desde su creación, noviembre de 1999. Mi “cole”, A TODA VELA, CAO. Tengo amigos, a ver como es esto…. “no me acuerdo”…, el CAO.…, yo soy muy buena, gente buena…el bar…el parque…pintar. Me gusta estar con Isa porque le doy de comer, la ayudo, también me gusta descansar e irme a mi cortijo. “Me gusta contigo, amiga”. Isabel López Fernández, asiste al CAO desde su creación, noviembre de 1999. Conocí la Asociación A TODA VELA a través de los padres de Vicente. No quería ir, siempre estaba con mis padres. Mi madre me hablaba de la experiencia de Vicente. Mercedes, su madre, hablaba mucho con mis padres para que yo también pudiera disfrutar de mi propio ocio con amigos. Era muy tímida, mi madre trataba de convencerme para que conociera a más gente. Me acuerdo del primer día que fui a la Asociación, estaba muy nerviosa, me temblaban las piernas. Yo pensaba que mis padres me iban a dejar allí para siempre. No me había despegado nunca de mis padres, tan sólo para ir al colegio y allí no tenía amigos. Había una fiesta, me presentaron a mucha gente, algunas voluntarias y me senté junto a Sonia a la cual ya conocía. Estaba muy callada, me daba miedo pero este día me gustó, ya que estaba rodeada de gente y no eran mis padres y me sentí muy bien. Estábamos alrededor de treinta personas, fue en el Virgen del Pilar. Poco a poco fui perdiendo el miedo y me gustaba ir a A TODA VELA. Iba todos los sábados al Club y hasta una salida de fin de semana. Estaba preocupada porque no sabia si iba a dormir, hacer mis necesidades, comer fuera de casa. Al principio tenia que repetir las cosas muchas veces para que me entendieran lo que quería decir. Yo estaba en un “colegio”, que no me gustaba porque siempre hacia lo mismo, estaba harta y le dije a mi padre que no quería ir, que me quedaba en mi casa. Mi padre me propuso un nuevo sitio que se llamaba CAO, Centro de Animación y Ocio), yo le dije que qué era eso del ocio y me contestó que era salir fuera, dar paseos, desayunar en cafeterías, pintar, hacer gimnasia y yo dije que quería ir. Mi padre también me dijo todos los amigos que me iba a encontrar allí. Siempre recordaré el primer día, estaban Rosa y Silvia en la puerta que ya las conocía, estaba contenta de verlas, no estaba nada nerviosa porque confiaba en ellas. Me explicaron el horario y lo que íbamos a hacer. Siempre me preguntaban qué me gustaría hacer. A partir de ese día, me volvía loca por ir, ya no quería estar en mi casa. Siempre había cosas que hacer y nos divertíamos mucho. Todas las mañanas me levantaba más temprano por querer llegar antes. Estaba contenta y con muchas ganas de ir. Me acuerdo de que todos los lunes íbamos al CSS de Ciudad Jardín a gimnasia y los miércoles y jueves a pintura en el mismo sitio. Los viernes íbamos al CAN junto a la playa a hacer gimnasia con máquinas. También había días que limpiábamos la clase donde estábamos. También íbamos de compras, cafeterías, tiendas, bancos, jardines y actividades en comunidad (exposiciones, ferias, stands, coloquios, museos,…) Rosa y Silvia me entendían bien y me daba confianza y seguridad para hablar de mis cosas. A veces, venían voluntarios a celebrar los cumpleaños con nosotros y eso me gustaba. Nosotros le comprábamos regalos. Esto es bueno para mí, sigo loca por ir al C.A.O. |